domingo, 29 de abril de 2012

El peso de los otros

Con el paso de los años, mi vulnerable cuerpo ha desarrollado la capacidad de absorber otras mentes, otros cuerpos y palabras que formaron frases u oraciones que pusieron sellos a las obras de mi cerebro. Esas frases comenzaron a crecer a pasos acelerados, agrandando su tamaño de forma prominente, incrementando muchas de mis extremidades. Me comía los insultos y los pensamientos ajenos, dejando muy poco margen para los míos, que aplastados por una fuerte vanidad exterior se traducían en kilos y estos en litros, litros de lágrimas de sal. La metamorfosis era tan notable que los comentarios no tardaban en llegar, y por supuesto, yo no podía dejar de consumirlos como un hombre que luego de años de vagar en el desierto encuentra un oasis con indescriptibles deleites de líquidos y sólidos manjares. Mi cuerpo enajenado me anclaba en las profundas fosas de las burlas y el olvido, las personas atrapadas en mí, dejaban huecos que seguirían llenando en otras oportunidades, y el yo mío... se alejaba cada vez más de mi ser. Me sentía un envase asqueado del peso de los otros. Necesitaba purgarme de aquellos cuerpos extraños que recorrían mi sangre y la impregnaban de sus deseos. Me habían convertido en el depósito de las demandas y mi vida ya era una absurda mezcla de presiones y obligaciones de las proyecciones de los demás. Y me transformé en un objeto tan pesado de cargar que a medida que me fueron soltando, que quedé sola con el gran paquete. Una mujer sin herramientas para avanzar por sí misma, y que con tremenda magnitud no podía siquiera sostenerse sin sufrir el dolor del peso en cada una de sus extremidades. Poco a poco, comencé a arrojar kilos de depósitos ajenos y fui consiguiendo movilidad. Mis pensamientos comenzaron a tener voz, podía escucharlos atentamente, cobraban vida. Y paso a paso fui despidiendo una parte de la mochila imposible de cargar. Pero a medida que caminaba, debía levantar un muro flexible que me permitiera evitar la invasión nuevamente. Ya no quería entrometidos en mis kilos. Sólo quería los míos, con su propia imagen y voz, con su realidad quizás equívoca pero mía y de nadie más. El tiempo se transformó en un río que fluía acompañando mis pasos y ya nunca más perdí mi tan preciada identidad. 

domingo, 22 de abril de 2012

Ilusiones confusas

Como un mar de corrientes distintas, como un río que fluye rápido para encontrar afluentes, agua me siento, agua que se mareó con el viento. Cada página selló su objetivo, aún así se han despegado del libro, y desordenadas alguien las ha leído. La historia toma otro rumbo, desordenada y confusa, pero repleta de risa constante, con matices mil, colores por doquier. Sabrá alguien quizás lo que quise decir. A pesar de la mezcla el libro fue consumido, duplicado, triplicado, y mil veces compartido. 
Las personas ingenuas pensarían que no es cierto que las hojas muy traviesas se encomendaran al viento, que volvieran a su nido para crear un ser nuevo, que dieran vida al éxito partiendo del caos. Es que a veces el orden no genera creaciones, aburrido y monótono atrae confusiones, ilusiones confusas de un autor desenfrenado que no comprende límites y que espera ser amado. Los juegos del destino fueron parte de ese cuento, crearon un mundo nuevo desde el problema eterno, que presenta el enredo de situaciones diversas, cuando aleatoriamente los caminos se encuentran.
Allí yace la prueba de la improvisación exitosa, sin su nudo de ideas no sería poderosa, atracción para curiosos y críticos empedernidos, quienes se regocijan en el caos generando el olvido. Olvido de la confusión, de que todo es imposible, hoy un triunfo partió de la locura y es así como el arte se genera con tamaña envergadura. 

viernes, 13 de abril de 2012

Reflejo enamorado

Dentro de tus ojos, allí donde el iris se funda con las oscuridad intrigante de las pupilas, veo mi reflejo oculto. Porque tantas veces nos fundimos en amor infinito que a menudo se me hace difícil distinguir tu cuerpo del mío, y finalmente cuando me hallo en una parte de tu ser, encuentro que allí estoy yo...Dejamos de ser dos seres separados para sellar nuestro amor en un solo ser con dos almas.
Dudo que sea una forma de simbiosis, yo más bien lo catalogaría como un número de dos cifras, que perdería su sentido el número en sí sin la unión del otro, y aunque separados cada uno tiene su propia identidad, juntos dan origen a una nueva definición, la cual no existiría sin su unión. Así somos, así vamos, de la mano, viéndonos reflejados uno en el otro, descubriendo más similitudes o uniendo nuestras diferencias, armonizando las almas en la misma dirección. Y que mis labios sean perezosos para pronunciar ciertas palabras, no significa que no las entiendan, porque día a día las repiten hacia adentro. Debe ser que te amo tanto, que si cada vez que lo siento profundamente tuviera que decirlo, se secaría mi garganta...

lunes, 9 de abril de 2012

El viento se llevó la esperanza

Una vez pensé que la humanidad estaba perdida, pero descubrí un niño hambriento a quien ayudé con otras personas, entonces me dije: no todo está perdido... hasta que un inusual y más que extraño tornado se llevó el corazón de muchas personas por aquí donde vivo. Si bien no tardamos en solidarizarnos y ayudarnos unos a otros, me crucé con unos artículos super tenebrosos que contaban una historia diferente y entonces lo ví... Los vellos de mis brazos estaban de punta hacia arriba, mi piel completamente estremecida y algunas lágrimas de deslizaron por mis mejillas. Porque podía tolerar encomendar mi vida a Dios, a una existencia superior divina o a la madre naturaleza siempre sabia. Podía aceptar la muerte cuando de éstos se trataba su responsabilidad, pero, que exista alguien allí afuera jugando a Dios, pretendiendo colmar sus bolsillos a costas de cientos de vidas, vendando nuestros ojos con desastres naturales, era algo que mi mente no podía procesar. Entonces me dije: todo está perdido, hay que vivir el hoy. ¿Pero qué hay de mis hijos entonces? Adonde quiera que vaya ellos serán víctimas también del gran espectáculo montado por los más despreciables seres de la tierra, ambiciosos seres humanos que ciegos de poder, son capaces de matar a miles de personas sin llevar siquiera una mínima carga en su conciencia. Cuando comprendí que la magnitud del mal era, en verdad, infinitamente superior a la bondad en tamaño, comprendí que más allá de que el viento se haya llevado la esperanza, tendremos que volver a empezar una y otra vez, en honor a la virtud de la bondad que algunos corazones llevamos dentro. Cada día entonces, apostaré una nueva ficha en el juego de la vida, a favor del bien, y los días que éste sea el vencedor, me consideraré inmensamente rica. Hagamos el bien, al menos para que los miserables que obran mal hagan su labor en vano.